Stranger Things es la serie de la nostalgia (o al menos una de tantas). No vivimos los estrafalarios años 80, pero, por alguna razón, esta producción de Netflix logra que extrañemos las bicicletas, los walkie-talkies y las luces y los colores fluorescentes. Acaba un episodio y una extraña sensación de melancolía te invade y te conmueve.
Esta serie no sólo es un éxito de audiencia: es un fenómeno cultural que toca una fibra muy sensible en la colectividad. La palabra nostalgia se refiere a una añoranza por revivir algo significativo. De hecho, el inventor de este concepto, el estudiante suizo Johannes Hofer, lo creó (en 1668) para nombrar lo que experimentaban muchos de sus pacientes: un deseo profundo de volver, principalmente vivido por militares.
Pero también hay algo llamado anemoia: nostalgia por una época que no viviste. Esta idea nació del escritor y gran creativo John Koenig, quien con su Diccionario de penas oscuras le ha dado forma y fondo a las emociones que no habían sido descritas.
En su proyecto, Koening, al referirse a anemoia, habla de “personas que vivieron y murieron antes de que cualquiera de nosotros llegara. Personas que duermen en algunas de las mismas casas que nosotros, miran la misma luna… Viven en un mundo completamente diferente”. Y aquí hay un espacio exacto para el amplio universo de Stranger Things.
Los creadores, Matt y Ross Duffer, realizaron un collage con los iconos del cine de los 80, y funciona porque en el fondo existe un lenguaje común: inocencia, amistad, miedo a crecer y misterio.
Si quieres ir más allá de un simple maratón y realmente entender el ADN de esta historia, necesitas visitar a sus antepasados, y nosotros te los presentamos a través de una guía curada con recomendaciones de cine. Después de leer esto, amarás más el mundo de Hawkins y su porqué.

La raíz de Stranger Things: los clásicos de los 80
Si algo es cierto es que para entender el presente hay que mirar al pasado. Las siguientes películas no son referencias y ya, son los cimientos de Stranger Things.
Eso (1990)
Basada en la novela de Stephen King, comparte mucho con la serie de Netflix. Como buena obra de este exitoso autor, combina terror y aventura al mostrarnos a un “club de perdedores” que enfrenta sus peores y más profundos miedos en un pueblo maldito por la indiferencia. La cinematografía, llena de colores sospechosamente vibrantes, y la mezcla de humor juvenil con horror cósmico podrían ser fácilmente el Upside Down de King.
En la adaptación de Andrés Muschietti (2017), el paralelismo se refuerza (o eso queremos creer los fans del escritor): Finn Wolfhard (Mike en Stranger Things) protagoniza ambas. Además, los mismos Duffer han dicho que Eso es la influencia fundamental para su creación, lo que en su momento derivó en un tuit halagador de parte del rey del horror.
Campos requeridos*
E.T., el extraterrestre (1982)
La conexión es innegable y se traduce en varios guiños, especialmente durante la primera temporada: ¿linternas en medio del bosque?, ¿bicicletas BMX yendo a toda velocidad?, ¿desconfianza hacia los adultos (particularmente aquellos que usan traje)?, ¿niños solitarios y “raros” escondiendo a alguien? (¡incluso le ponen una peluca rubia!)
Steven Spielberg, al igual que los Duffer, nos obsequió una narrativa donde lo fantástico irrumpe en la cotidianeidad de los suburbios, y con esto nos enseñan que las aventuras -y la valentía que necesitan- no siempre suceden tan lejos de la normalidad.
Cuenta conmigo (1986)
Aunque no hay monstruos, claramente vive en el corazón de la serie. Cuatro amigos caminan por las vías del tren… ¿Te suena? Los Duffer usaron esta película para audicionar a los actores: haciendo que cada uno leyera líneas del guion basado en otro libro (¿por qué no?) de Stephen King, buscaban saber si realmente los niños podrían transmitir su sensibilidad, empatía y amistad.
Como Stranger Things, Cuenta conmigo aborda el fin de la inocencia y muestra el lado más oscuro y traumático de la infancia, algo que la serie maneja muy bien, pues los niños no son tratados como tontos, sino como seres complejos con temores y antecedentes igual de complejos. De esta manera, ambas producciones son una clase maestra de guion y de desarrollo de personaje.
Pesadilla en la calle del infierno (1984)
Cuando la serie comienza a ponerse sombría, este clásico se vuelve la base. Particularmente en la cuarta temporada, la influencia es directa: el villano ataca desde el subconsciente y el trauma, calcando el modus operandi del onírico Freddy Krueger. Dato curioso: el actor que interpreta a Freddy, Robert Englund, tiene un cameo en la serie.
El universo de la calle Elm y el de Stranger Things están unidos por una idea bastante cercana: la “lógica” de los adultos no puede protegerte y la maldad puede invadir tu espacio más seguro: tu mente.
Pesadilla en la calle del infierno, en su momento, fue un parteaguas al construir una trama sorprendente de suspenso y terror surrealista, y todo con efectos totalmente prácticos. Vela y descubrirás que -increíblemente- ha envejecido muy bien.
Poltergeist (1982)
Si también te emocionaste mucho con la escena en la que Joyce se comunica con Will a través de las luces de Navidad, tienes que ver esta obra de terror sobrenatural que estableció la tecnología doméstica como un canal hacia otra dimensión.
Los Goonies (1985)
Si en algún momento te conmovió la dinámica entre Mike, Dustin, Lucas y Will -o al menos llamó tu atención-, la respuesta probablemente está aquí.
Un grupo de “inadaptados” enfrenta un peligro mayor que ellos… y Sean Astin (Bob en la temporada 2 de Stranger Things) es el protagonista. La película -como varias que tienen un “club de perdedores”- demuestra que la lealtad es el superpoder que nunca falla, y la manera de expresar esto es diciendo “Los Goonies nunca dicen muere”, o “Los amigos no mienten”.

La psique de Eleven: Gracias a Stephen King
La niña del fuego (1984)
Ya que tiene poderes piroquinéticos, una niña es perseguida -al igual que Eleven- por una agencia secreta que quiere usarla como arma. ¿La referencia podría ser más clara?
Carrie (1976)
Una vez más, el rey del terror, aunque más sutilmente. Al tener una relación traumática con sus figuras de autoridad, Carrie White e Eleven son tímidas e “inadaptadas”, pero cuando es necesario, usan toda su fuerza telequinética y física para defenderse a ellas o a los suyos.
Stranger things: Criaturas y atmósferas
Stranger Things es una serie que funciona mucho por su diseño visual… y pegajoso. Es un horror químico y a la vez cósmico que, aunque no es nuevo como tal, honra a sus maestros.
Alien (1979)
Una de las características maravillosas y terribles del Demogorgon es que no tiene rostro, es puro instinto. ¿Y los lugares donde deja a sus “larvas”? Todo ese escenario tan desagradable, acuoso e incómodo tiene el sello Ridley Scott.
La niebla (1980)
John Carpenter hace bien muchísimas cosas, pero si en algo brilla es en su creación de atmósfera. Esta película nos persigue con un terror invisible que esconde algo letal. Las partículas flotantes del Upside Down tienen que venir de esta obra.

Stranger Things: Retrowave y los nuevos clásicos
Si ya viste los antecedentes y buscas algo con más calidad digital, pero que conserve esa singular nostalgia, estas películas tienen el mismo estilo.
Super 8 (2011)
Dirigida por J.J. Abrams y producida por Spielberg, tiene un vínculo fuerte con Stranger Things: captura la misma atmósfera de amistades unidas contra el gobierno y el diseño también es impecable, además de que las relaciones son tan entrañables como en Hawkins. Hecha en honor al cine analógico.
Verano del 84 (2018)
Ésta es una joya escondida que cada fan de Stranger Things debería ver.
Un grupo de amigos sospecha que su vecino es un asesino en serie y deciden que todo su verano lo pasarán haciendo lo único que les interesa: investigar. No surge algún elemento sobrenatural, pero arma un buen suspenso con música de puro sintetizador ochentero en el fondo. Además, tiene un final bastante oscuro que te dejará reflexionando -quizá demasiado- por ser más realista.
Dark (serie de 2017-2020)
Al igual que Stranger Things, Netflix se encargó de su difusión. Aunque su base también es el suspenso, esta producción alemana no apostó por lo fantástico, sino por un concepto más complejo: el tiempo y sus redes generacionales. No tiene una estética ochentera, pero definitivamente comparte los elementos de ciencia ficción y el desarrollo en medio de algo imposible de entender.
Conclusión
La fama y el éxito de cada una de estas historias no se debe sólo a que están perfectamente hechas para entretener: también nos demuestran que la creatividad no es un proceso inerte, no podría serlo, por lo que no sólo es valiosa si significa inventar algo desde cero o ser pionero en cualquier cosa. También se puede ser creativo al cuestionar y reinterpretar los mitos que definen a una sociedad.
No es que los hermanos Duffer sean “poco originales”, porque no copiaron los 80: los vivieron, los recuerdan, los extrañan y, con esto en mente, los conservaron para compartirlos con nuevas generaciones.
Dale la oportunidad a estas recomendaciones, disfruta las actuaciones, los escenarios, la música. Adéntrate en ellas, ponles atención y descubre cómo la amistad, aunque pasen y pasen los años, siempre es la mejor defensa ante el miedo. Y no te olvides de las palomitas.

