Es común pensar que la Filosofía es una disciplina de bustos de mármol y libros antiguos llenos de polvo; sin embargo, esta doctrina siempre está viva —quizá ahora más que nunca—, pues la necesidad de encontrar un sentido es una urgencia humana.
Hoy en día, vivimos tiempos con problemáticas cada vez más profundas: conflictos internacionales, incertidumbre, hiperconexión, cambios radicales. ¿Por eso nos sentimos tan cansados a pesar de tener tantas comodidades? ¿O por qué las relaciones parecen más frágiles? ¿Por qué hay tanto enojo en las redes sociales?
Todo el tiempo nos hacemos preguntas, es nuestra naturaleza, y para responderlas —o para reflexionar alrededor de ellas— ya no basta con leer a Platón o a Immanuel Kant: necesitamos voces que hablen en presente, filósofos contemporáneos cuyas ideas puedan funcionar como brújulas para seguir navegando el caótico siglo XXI.
Si algo es cierto es que el mundo se mueve rápido, muchas reglas se han quedado atrás, obsoletas frente a las redes sociales, la inteligencia artificial o el innegable cambio climático. Si buscas respuestas que resuenen con tu feed o tus dilemas, detente aquí. Olvidemos la quietud de las estatuas y el silencio de los libros antiguos para visitar algunas mentes brillantes que han vivido y analizado esta época.

Descifrando el presente: filósofos modernos clave
Byung-Chul Han, el cronista del agotamiento
Nacido en Seúl, Corea del Sur (1959), viajó hasta Alemania para estudiar Metalurgia y, tal vez por esa misma experiencia migratoria, terminó cautivado por la Filosofía, la Literatura y la Teología. Actualmente, es profesor en la Universidad de las Artes de Berlín. Su origen y su formación alemana (heideggeriana) derivan en una visión única sobre el vacío y el silencio frente al ruido occidental.
Han es esencial para entender por qué, a pesar de tener “más libertad que nunca”, nos sentimos esclavizados: en su razonamiento, pasamos de la sociedad disciplinaria (Michel Foucault hablaba del tienes que hacer) a la sociedad del rendimiento (puedes hacer). En otras palabras, para Han, nos autoexplotamos creyendo que así alcanzamos cierta victoria, cierta realización. Mientras que en la sociedad de Foucault, el enemigo era el otro (el vigilante, el “amo”, el que daba las órdenes), en la sociedad de Han, el enemigo somos nosotros mismos.
¿Y por qué importan hoy las ideas de Byung-Chul Han? Principalmente, porque nos ayuda a entender que el agotamiento extremo o el burnout no es un fallo personal, sino un síntoma provocado por un sistema que nos exige positividad tóxica y productividad incesante, las cuales, en conjunto, arriesgan nuestra salud mental y nuestra intimidad.
Gracias a los aportes que ha brindado a la reflexión contemporánea, Byung-Chul Han recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.
Obra recomendada: La sociedad del cansancio
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Zygmunt Bauman: profecía de la inestabilidad
Este pensador polaco-británico falleció en 2017, a los 91, pero su teoría es más vigente hoy que hace 10 años. Bauman vivió el horror de la Segunda Guerra Mundial y el exilio para posteriormente convertirse en catedrático de la Universidad de Leeds.
Bauman nombró una de las ansiedades actuales al crear el concepto de modernidad líquida (o modernidad tardía) para referirse a la fragilidad de las relaciones amorosas, del trabajo e incluso de las identidades. Vivimos en un mundo donde nada se concreta o se solidifica, pues todo fluye y termina escapándose entre los dedos.
Para este académico, la vida de antes era “sólida”: tenías un trabajo para siempre, un matrimonio para siempre, una misma identidad para siempre. Hoy no. Hoy todo cambia, se deconstruye; las estructuras que eran sostén se derriten; los vínculos se redujeron a conexiones que se pueden apagar con un simple clic.
En el mundo líquido, la única certeza es la incertidumbre y eso genera ansiedad, pero también una libertad tan vasta como aterradora. Esto resuena hoy porque, en cierta medida, Bauman explica la dificultad de comprometerse a largo plazo (tanto en cualquier relación como en un empleo) y la sensación de angustia constante ante el futuro.
Obra recomendada: Amor líquido
Judith Butler: identidad y vulnerabilidad
Esta filósofa y activista estadounidense (1956) es profesora de la Universidad de California, Berkeley. Formada bajo el Postestructuralismo francés y el Psicoanálisis, también se ha convertido en una figura central de los debates actuales sobre teoría queer y género, pues nos enseñó que éste no es algo que somos, sino algo que hacemos (performatividad).
Además, en sus últimos trabajos, ha tratado los conceptos de interdependencia y vulnerabilidad: nadie es una isla; la pandemia nos comprobó que tu salud depende de la mía y que todos somos frágiles. Con estas teorías, Butler desafía el ideal del individuo “autosuficiente”.
Para ella, todos somos cuerpos vulnerables que dependemos de otros y del entorno para sobrevivir. Reconocer esto no es debilidad, sino la base para nutrir el cuidado mutuo.
Obra recomendada: La fuerza de la no violencia

Martha Nussbaum: en defensa de las emociones
Atrapados en un mundo obsesionado con el crecimiento económico, Nussbaum (1947) se pregunta: ¿qué son capaces de hacer y ser las personas? Al plantear su “enfoque de las capacidades”, nos invita a repensar el rol de los sentimientos. A diferencia de la vieja escuela, que separaba la razón de la emoción, ella argumenta que las emociones sí contienen inteligencia, y analiza cómo el miedo y la ira están moldeando la polarización política actual y amenazando la democracia.
Para Nussbaum, cualquier democracia necesita amor, empatía y compasión para sobrevivir; si no se cultivan estas emociones, el miedo y la ira seguirán controlando nuestras sociedades. Su enfoque abarca desde necesidades básicas, como la salud e integridad corporal, hasta aspectos sutiles, como la capacidad de jugar, sentir y relacionarnos con otras especies.
Gracias al razonamiento de esta filósofa, podemos concluir que una sociedad justa no es la que más produce, sino la que permite a sus ciudadanos amar, pensar y vivir sin miedo.
Obra recomendada: La monarquía del miedo
Noam Chomsky, el decano de la disidencia
Quizá una manera de definir a Chomsky sea como un intelectual dual: por un lado, es el padre de la lingüística moderna gracias a su teoría de la gramática generativa (la idea de que existe una estructura lingüística innata en el cerebro humano) y, por otro lado, se entiende mucho con el anarquismo, lo que lo convierte en un incansable crítico político.
Su formación en el MIT y sus observaciones de la estructura del lenguaje le dieron —inesperadamente— herramientas para analizar otras estructuras, entre ellas, la del poder. Y es que para Chomsky, así como la gramática tiene reglas subyacentes, la política y los medios también tienen filtros y normas invisibles que determinan el discurso.
En este sentido, es el pensador esencial para entender la dinámica de la “posverdad” y las fake news, pues con sus ideas demuestra que la manipulación no es un error, sino una característica más del sistema mediático corporativo.
Para este activista, mientras que en las dictaduras el control se ejerce por la fuerza física, en las democracias modernas se ejerce a través de la manipulación del pensamiento: la gente piensa, por ejemplo, que vota “libremente”, pero la realidad es que elige de un abanico de opciones cuidadosamente delimitado. Chomsky llama a esto la “tiranía invisible“.
Al exponer esto, ofrece una directriz indispensable para que la sociedad identifique la propaganda y cuestione el statu quo político y económico que opera en su contra.
Obra recomendada: El lenguaje y el entendimiento
Gary Lawrence Francione, el abogado de los otros seres vivos
Filósofo y abogado estadounidense (1954) que hoy en día se desempeña como catedrático de la Rutgers Law School.
Francione destaca por varias cosas, especialmente por haber sido uno de los primeros académicos en enseñar la filosofía de los derechos de los animales en una facultad estadounidense de Derecho. Su enfoque —radical, lógico, legalista— exige una coherencia moral en nuestra relación con otras especies.
Este jurista nos confronta con lo que él llama la “esquizofrenia moral” de la sociedad actual: se piden leyes estrictas para la protección de perros y gatos (“animales de compañía”) mientras se justifica el trato brutal a cerdos y aves para el consumo humano. Él explica que esto es una hipocresía inherente al sistema, pues mientras los animales se sigan considerando una propiedad, cualquier ley de “cuidado” es inútil y sólo sirve para hacer sentir mejor a los mismos consumidores.
Francione rechaza la superficialidad de un “mejor trato” antes de la matanza y exige el abolicionismo: que los animales legalmente dejen de ser clasificados como propiedades. Sus ideas desafían la base misma de nuestra economía alimentaria y de vestimenta, obligándonos a mirar la explotación animal no como un defecto del sistema, sino como su característica fundacional.
Para Francione, el ser humano, al reconocer que otro ser vivo es sintiente, capaz de experimentar dolor y placer, está moralmente obligado a reconocerle el derecho básico de no ser tratado como un recurso.
Obra recomendada: Lluvia sin truenos: La ideología del movimiento por los derechos animales

Conclusión
Recorrer las ideas de estos pensadores no nos entregará un manual de instrucciones para la felicidad inmediata, pero nos puede ofrecer algo más necesario: lucidez. Entre el scroll infinito y la productividad tóxica, pensar se ha convertido en un verdadero acto de valentía.
Estos autores nos invitan a pausar, a voltear la mirada y reconocer lo que importa, lo que conmueve y lo que duele. Nos enseñan que nuestro cansancio no es sinónimo de flojera o apatía; que nuestra fragilidad y nuestros afectos no son obstáculos, sino los cimientos de justicia y comunidad, que tanta falta hacen hoy. Asimismo, nos advierten que la libertad también es cuestionar tanto las pantallas que nos “informan” como la comida que se nos enseñó a consumir.
Quizá la Filosofía contemporánea, por sí sola, no sea suficiente para calmar la marea de la modernidad líquida, pero sí nos enseña a construir el lenguaje necesario para nombrar nuestras angustias y así empezar a atenderlas y transformarlas en colectivo. Al final, en un mundo gobernado por algoritmos, hacer preguntas es una manera de nutrir y honrar nuestra humanidad.
¿Y tú con cuál de estas brújulas vas a empezar a navegar tu vida?
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