Antidepresivos y sus efectos: lo positivo, lo negativo y el consumo responsable

En la actualidad, hablar de salud mental sigue siendo un tema rodeado de estigmas. Y discutir sobre los antidepresivos y sus efectos, en una era donde estamos sobresaturados de información, no siempre ayuda a resolver nuestras dudas.

La ansiedad y la depresión son dos problemas de salud pública importantes, pero la información que circula sobre ellos suele tomarse a la ligera.

En redes sociales, personas no expertas emiten opiniones y consejos sin sustento científico, lo que ha complicado el uso responsable de los antidepresivos. Esto sin considerar que cada cuerpo es distinto y que una opinión basada únicamente en experiencias personales no puede tomarse como una generalidad.

En este artículo abordaremos los efectos positivos y negativos de los antidepresivos, así como la importancia de su consumo responsable. Siempre con acompañamiento médico y respaldo científico.

¿Qué son los antidepresivos y cuáles son sus efectos en el cuerpo?

Los antidepresivos pueden ayudar a aliviar los síntomas de la depresión y otros trastornos de salud mental. Actúan principalmente sobre neurotransmisores del cerebro como la serotonina, la norepinefrina y la dopamina, sustancias encargadas de regular sensaciones de felicidad, euforia y tranquilidad. Así como funciones relacionadas con la atención y la concentración.

En muchos casos, trastornos como la ansiedad y la depresión tienen su origen en un desequilibrio químico que afecta la “comunicación” entre estos neurotransmisores. Por este motivo —y por otros factores que pueden ser genéticos, bioquímicos u hormonales— los antidepresivos suelen ser recetados como parte importante del tratamiento.

Pero ¿qué hace exactamente un antidepresivo en el cuerpo? Una vez que un profesional de la salud mental realiza un diagnóstico, puede elegir entre cuatro tipos principales de antidepresivos según el trastorno o síntoma a tratar: ISRS, IRSN, tricíclicos e IMAO.

La mayoría de los antidepresivos actúan directamente sobre los neurotransmisores, aumentando su disponibilidad en el cerebro al bloquear su recaptación. Un proceso que funciona como un ciclo de “reciclaje” de estas sustancias. Con el tiempo, esto contribuye a mejorar el estado de ánimo y la concentración, reduciendo la apatía y la tristeza.

Ansiedad y depresión: los enemigos silenciosos

Diversos estudios del National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de la Salud Mental) advierten que los síntomas del trastorno de ansiedad pueden interferir con la vida diaria y actividades rutinarias. Sobre todo, el rendimiento laboral, las tareas escolares y las relaciones interpersonales.

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Muchos casos ni siquiera se detectan de manera oportuna, ya que los síntomas no siempre aparecen de forma abrupta o evidente. En numerosas ocasiones, se confunden con cansancio rutinario o con una simple preocupación pasajera.

Sin embargo, algunos signos de alarma pueden incluir menor energía, dificultad para concentrarse y alteraciones en el sueño o el apetito.

Si estos síntomas persisten, pueden desencadenar otros problemas. En el caso de la ansiedad, condiciones como la agorafobia (miedo intenso a las multitudes, a los espacios cerrados o al transporte público). Y en el caso de la depresión, un trastorno depresivo mayor, que puede manifestarse con aislamiento, ideas suicidas e incluso alucinaciones.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la depresión afecta a 3.6 millones de adultos mexicanos, mientras que una encuesta de 2021 encontró que el 44.7% de las personas en el país reportan síntomas de ansiedad.

Por esta razón, la Secretaría de Salud, en conjunto con el IMSS y el Instituto Nacional de Psiquiatría, emiten recomendaciones para el uso de antidepresivos. Estas se centran en la prescripción médica rigurosa, el seguimiento continuo y la combinación con terapia psicológica

Antidepresivos y sus efectos en el cuerpo y las emociones.

Efectos positivos de los antidepresivos

Es importante recalcar que, cuando se siguen correctamente las indicaciones médicas y se cuenta con el acompañamiento profesional adecuado, los antidepresivos pueden tener efectos muy positivos en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y otros trastornos mentales.

Entonces, ¿qué síntomas alivian los antidepresivos?

Más energía

Una vez que el antidepresivo regula los neurotransmisores, el cuerpo experimenta mayor energía y ganas de retomar actividades.

Mejor estado de ánimo

El sentimiento de bienestar aumenta, lo que puede venir acompañado de motivación y un cambio significativo en el comportamiento.

Mayor lucidez

Los pensamientos son más claros y la sensación de una “mente nublada” disminuye o desaparece.

Menor irritabilidad

La sensación de enojo, molestia e impulsividad suele disminuir o desaparecer, lo que permite gestionar mejor nuestras emociones.

Menos rumiación

El ciclo de pensar y repensar ideas negativas de forma obsesiva suele desaparecer o controlarse de una mejor manera.

Sin embargo, también es fundamental entender que los antidepresivos, por sí solos, no curan la causa de la depresión o la ansiedad, sino que solo ayudan a controlar sus síntomas. Por esta razón, el acompañamiento psicológico continúa siendo esencial para abordar el problema desde la raíz. De esta forma el “funcionamiento diario” de las personas mejora considerablemente, además de evitar recaídas que puedan entorpecer o reiniciar el proceso.

Efectos negativos de los antidepresivos

Un consumo responsable de antidepresivos también debe considerar los posibles efectos negativos o efectos adversos que estos pueden generar. Esto le permite al paciente tomar una decisión informada sobre si desea incluirlos como parte de su tratamiento y cómo manejar los efectos secundarios.

El primer punto a tener en cuenta es que los antidepresivos no tienen un efecto inmediato. Los cambios suelen notarse entre las 2 y 6 semanas, por lo que la paciencia se vuelve un factor fundamental durante las primeras etapas del tratamiento.

Aunque los efectos adversos pueden variar según la persona y el tipo de medicamento, existen algunos patrones bien documentados.

De acuerdo con el psiquiatra e investigador Michael Thase —uno de los mayores expertos en tratamientos antidepresivos—, la mayoría de los pacientes experimenta efectos secundarios leves y transitorios durante las primeras semanas.

A partir de esto, resulta útil conocer cuáles son los efectos secundarios comunes que pueden presentarse al iniciar el tratamiento.

Efectos secundarios comunes

Gastrointestinales:

Problemas como náuseas, vómito y diarrea suelen presentarse en las primeras semanas del tratamiento.

Alteraciones del sueño:

Algunas personas suelen experimentar somnolencia, mientras que otras pueden presentar dificultades para dormir.

Alteraciones en la presión:

Las alteraciones en la presión pueden ocasionar mareos, especialmente al ponerse de pie.

Efectos en el ámbito sexual:

En algunas ocasiones, el paciente puede presentar una disminución del apetito sexual o dificultad para alcanzar el orgasmo.

Efectos secundarios en mujeres

Los antidepresivos tienen efectos secundarios en las mujeres relacionados con temas hormonales y en muchos casos se reconsidera su uso en condiciones de embarazo o lactancia. Estos son los más comunes:

Alteraciones hormonales:

Estas alteraciones pueden dar pie a ciclos irregulares o ausencia de menstruación.

Cambios en los síntomas pre menstruales:

Variación en la intensidad de los cólicos, hinchazón o retención de líquidos.

Cambios en el metabolismo:

Algunos antidepresivos pueden afectar hormonas metabólicas que pueden provocar alteraciones en el apetito que pueden contribuir al aumento o la pérdida de peso.

Efectos secundarios a largo plazo

  • Adaptación farmacológica: Con el tiempo, las neuronas ajustan su sensibilidad a los neurotransmisores debido a la presencia constante del medicamento. Esto puede requerir ajustes de dosis o cambios de medicamento.
  • Dependencia psicológica: Esta suele estar más relacionada con el miedo a la recaída que con el fármaco en sí, derivado de la percepción del paciente de que no podrán funcionar adecuadamente sin el medicamento. Ya que los antidepresivos no generan dependencia química.
  • Síndrome de abstinencia o discontinuación: Suspender bruscamente los antidepresivos puede provocar mareos, irritabilidad, insomnio, sensación de “corrientes eléctricas” en la cabeza o síntomas gripales. No se trata de adicción, sino de un ajuste neurológico repentino a la ausencia del fármaco.
El acompañamiento psiquiátrico y psicológico es clave para un tratamiento integral.

Rompiendo estigmas: ¿Cómo actúa una persona que toma antidepresivos?

Uno de los más grandes mitos sobre los antidepresivos es la idea de que el paciente adopta actitudes “distintas” como resultado de su consumo, lo que ha reforzado ciertos estigmas alrededor de los tratamientos psiquiátricos. Sin embargo, el paciente no se convierte en una persona diferente ni cambia de personalidad. Lo que sí puede experimentar son cambios significativos en su estado de ánimo.

Por ejemplo, si antes la persona se mostraba más renuente a salir, socializar o parecía constantemente distraída, es probable que con el uso de antidepresivos estas conductas disminuyan. Por el contrario, es común que el paciente recupere el interés por actividades al aire libre y se muestre con más energía y disposición para convivir.

También es importante desmitificar la idea de que los antidepresivos provocan un estado de “sedación” permanente. Si bien los efectos iniciales pueden generar algo de somnolencia, este síntoma no suele mantenerse a largo plazo, y el paciente puede realizar sus actividades cotidianas sin que esto represente un problema.

Lejos de reforzar estigmas e ideas negativas, es fundamental destacar los cambios reales que pueden experimentarse: menos pensamientos negativos, mayor funcionalidad y más energía para enfrentar el día a día.

Consumo responsable: orientación médica y psicológica

El investigador danés Peter Gøtzsche, conocido por su enfoque crítico hacia la medicación excesiva, advierte que los antidepresivos deben usarse con cautela y solo cuando exista una indicación médica clara.

En sus análisis, Gøtzsche señala que “los beneficios de los antidepresivos suelen ser modestos” y que es fundamental “evaluar cuidadosamente los efectos adversos a largo plazo y la posibilidad de una retirada gradual”.

Si bien muchas de sus conclusiones han sido debatidas dentro de la comunidad científica, sus críticas invitan a un punto esencial: usar los antidepresivos con equilibrio, priorizando la información clara al paciente, el acompañamiento profesional y la revisión periódica del tratamiento.

El objetivo no es evitar su uso, sino asegurarse de que los antidepresivos se empleen de manera consciente, segura y basada en la evidencia científica y un diagnóstico clínico.

También es importante mencionar que nunca se debe recurrir a la automedicación y que es fundamental obtener un diagnóstico clínico certero. La medicación es únicamente una herramienta de apoyo que debe acompañarse de terapia psicológica y de un seguimiento psiquiátrico adecuado para lograr un tratamiento integral.

Conclusión

En definitiva, los antidepresivos pueden ser una herramienta valiosa en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y otros trastornos mentales, siempre y cuando se utilicen con responsabilidad y bajo supervisión profesional. Reconocer tanto sus efectos positivos como sus efectos negativos, evitar la automedicación y acompañar la medicación con terapia psicológica, son pasos esenciales para un proceso de recuperación integral.

Sin embargo, a pesar de que estos trastornos han logrado tener más visibilidad, solo una de cada cuatro personas con un trastorno de ansiedad recibe tratamiento, lo que demuestra la necesidad urgente de mayor información, acceso a servicios y una reducción real del estigma.

Recuerda que ante cualquier situación de crisis emocional o riesgo, México cuenta con La Línea de la Vida (800 911 2000), un servicio gratuito de orientación y acompañamiento psicológico.

Buscar apoyo no solo es un acto de autocuidado, sino un paso fundamental hacia una vida más estable, funcional y saludable.

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